Argentina y Repsol YPF: cronología de una milonga petrolera

Todo empezó hace trece años. En enero de 1999 Repsol entraba en el capital de la petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales, cuya propiedad era ostentada en un 75% por bancos y fondos de inversión privados, conviertiéndose así en la primera empresa del sector en América Latina. YPF, que hasta 1992 había sido una empresa pública, fue una de las más afectadas por las reformas y la política económica del gobierno de Carlos Ménem que, siguiendo los lineamientos del Consenso de Washington, preveía la privatización de las principales compañías estatales como receta para revertir la hiperinflación y el déficit público que sufría Argentina.

La adquisición del 15% de YPF se produjo a través de un concurso en el que Repsol resultó adjudicataria de las acciones. La oferta de la petrolera española incluyó una OPA (Oferta Pública de Acciones) sobre el resto del capital de YPF, lo que terminó por convencer a sus propietarios. La operación era arriesgada, pues en ese momento una gran crisis financiera en Brasil estaba provocando la retirada de inversiones extranjeras en la región. De hecho, Repsol fue la única empresa que acudió a la convocatoria del concurso. La lógica era simple: ante el miedo de otras petroleras a entrar en YPF, Repsol aprovechó la oportunidad para ofrecer a nuevos inversores grandes beneficios en una operación de alto riesgo; consolidando al mismo tiempo su internacionalización con buenas previsiones en el largo plazo. Dos pájaros de un tiro.

El negocio salió según lo previsto, pero solo en parte. Los mercados castigaron la operación, y sobre Repsol siempre sobrevolaron las dudas de su eficiencia en la producción y explotación de los pozos. Hasta que en 2007 vendía el 15% de YPF al Grupo Petersen, propiedad del afamado empresario argentino Enrique Eskenazi, con la posibilidad de aumentar dicha compra un 10% en los siguientes cuatro años. Así fue, y en mayo de 2011 el grupo de Eskenazi adquiría esa participación adicional. Al mismo tiempo, otros fondos como Eton Park compraban más del 8% de la participación de Repsol en YPF. Así las cosas, actualmente Repsol solo cuenta con el 55% de las acciones. Los situación en el mercado energético latinoamericano ha cambiado, y las acciones de Repsol en YPF son una pieza fácil para los inversores en veda permanente. La petrolera lo sabe desde hace años, y eso le ha venido dando la oportunidad de equilibrar sus opciones en la región: ceder riesgos en Argentina y trasladarse a lugares más interesantes como Brasil.

El gobierno argentino asistía a estas operaciones como convidado de piedra. Eskenazi, quien desde el sector de la banca mantenía unas excelentes relaciones con los Kirchner (especialmente con Néstor), representaba de alguna forma los intereses nacionales en la petrolera, hasta el punto de que para el empresario argentino el gobierno no impuso las limitaciones en el precio de los combustible que fijó cuando Respsol controlaba todo el proceso de producción. Pero el idilio no duró mucho: la caída en la producción de energía tuvo como consecuencia un aumento espectacular de las importaciones de petroleo y gas, disminuyendo por ello, en el mismo grado, las reservas de divisas de la Nación. La situación provocó que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pusiera en marcha una serie de reformas encaminadas a evitar la fuga de capitales y divisas al exterior. Una de ellas fue, en ejercicio de la acción de oro que el Estado argentino conserva sobre YPF, solicitar que los beneficios no se dedicaran al reparto de ganancias, sino a la reinversión para aumentar la producción. Teniendo en cuenta que Eskenazi necesita de dichas ganancias para pagar la deuda que contrajo con los bancos por la compra del 25% de YPF, y que Repsol está necesitada de fondos ante la crisis europea, la negativa era evidente. Empieza la fiesta: 1. En enero de 2012, la prensa argentina lanzaba un importante globo sonda: el gobierno y los legisladores debatían la posibilidad de nacionaliza el 55% de Repsol en YPF; 2. El gobierno argentino inicia una investigación antimonopolio en YPF por abuso de posición dominante en el mercado de combustibles; 3. La presidenta CFK critica duramente y acusa a Repsol de dejadez y falta de inversiones; 4. Los gobiernos de las provincias, que son las dueñas de la concesión, estudian seriamente el tema y plantean la rescisión de los contratos; 5. El gobierno argentino anuncia que retira la subvención de 460 millones de dólares a las petroleras; y 6. La Presidenta y los grupos políticos que la apoyan realizan una campaña crítica contra YPF por la producción.

El presidente de Repsol YPF se reune con la presidenta de Argentina (elpais.com)

Ante las amenazas, el Presidente de Repsol YPF, Antonio Brufau, se reunió con la Presidenta y otras autoridades argentinas para explicarles sus planes de inversión y su estrategia para la explotación de las nuevas reservas de petróleo encontradas el pasado noviembre, las mayores del país. Por su parte, YPF anunciaba que en 2011 se había alcanzado una cifra record de inversión, con mas de 3000 millones de dólares. Pero las conversaciones y los anuncios sirvieron de poco. Días después el gobierno abría 442 expedientes a la petrolera y le prohibía el comercio de gas hasta no satisfacer una deuda con el fisco de casi 8 millones de dólares. Mientras tanto, la compañía seguía cayendo en la Bolsa de Buenos Aires y la agencia Fitch rebajaba la calificación de su deuda. Y para más inri, cuando parecía que la Presidenta descartaba la nacionalización en el discurso de apertura del año legislativo, su Jefe de Gabinete lo desmentía días después, declarando que esta opción seguía abierta.

Las provincias, dueñas de la concesión, jugaban sus cartas. Por un lado, Salta retiraba la licencia de explotación en varias zonas de la provincia; por otro, Neuquén hacía lo propio, retirando la licencia de dos explotaciones; y por último, hace unos días, era la provincia de Río Negro la que quitaba la licencia a YPF en un área de explotación que, según la empresa, tiene un impacto menor. Otras provincias como Mendoza o Chubut también han retirado licencias; mientras que Tierra del Fuego, Formosa o Santa Cruz están estudiando tomar medidas similares si la empresa no aumenta sus inversiones para el crecimiento de la producción.

Campaña de La Cámpora contra YPF (EFE)

En esta milonga se enfrentan claramente dos posturas: la oficialista, para quien la empresa Repsol YPF no ha llevado a cabo las inversiones necesarias para sostener la cada vez mayor demanda energética en Argentina; y la de Repsol YPF y sus inversores, para quienes la presión del gobierno solo responde a una estrategia política, en la búsqueda de una mayor participación estatal en la empresa. ¿Qué hay de verdad en ambas?

Argentina, país que tiene la carga de ser uno de los más energéticamente dependientes en el mundo, ha crecido en los últimos años entorno a un 7-8% del PIB anual. Uno de los factores que explica dicho crecimiento ha sido el progresivo aumento que hasta hoy han experimentado los precios de las materias primas, entre ellas las energéticas, como el gas o el petróleo. Al mismo tiempo, el crecimiento económico se ha traducido en un incremento de la demanda de energía por parte de la población. La caída en la producción de petróleo que denuncia el gobierno es un hecho incontestable, y resulta lógico que, ante la gran dependencia exterior y el aumento de la demanda, reclame a las empresas un aumento en las inversiones. Pero, de la misma forma, las autoridades argentinas olvidan que, como pone de manifiesto el Oil Market Report de la IEA (y explicó perfectamente Mariano Marzo Carpio en esta tribuna de El País), existen razones técnicas globales para explicar la caída en la producción. Una de ellas, y tal vez la más importante, es la constante pérdida de productividad de los yacimientos cuando se encuentran en su madurez o en proceso de envejecimiento. Un problema que no es argentino, sino global.  En este sentido, por ejemplo, Argentina sufre una evolución de la producción similar a la de Estados Unidos.

Por ello, parece evidente que la solución al conflicto no pasa por la nacionalización o la retirada de licencias, sino por que ambos, Repsol YPF y Argentina, asuman su grado de responsabilidad y cooperen con las herramientas de las que disponen para revertir la situación. De un lado, la empresa petrolera no debe cejar en su empeño de aumentar las inversiones para mejorar la eficiencia productiva de los yacimientos en niveles de explotación maduros o envejecidos, así como para descubrir y explotar nuevos yacimientos; y por otro, el gobierno argentino debería buscar fórmulas para mejorar la planificación energética del país en un contexto económico como el actual, en el que la caída de los precios en las materias primas parece estar pasando factura en las arcas nacionales. Al fin y al cabo, en la energía como en el tango, la compenetración y el entendimiento entre quien va dirigiendo y quien aporta la belleza es fundamental.

Antonio Jesús Vázquez Cortés (@AJVazquez). Madrid.

Escrito por Antonio J. Vázquez

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