Calor de Brasil para una Cuba invernal

Deben estar siendo los días más fríos en Cuba. A finales de enero es cuando, antes de salir de casa, conviene llevarse una manguita larga y estar atento a radio bemba para saber si el mar ha saltado el Malecón. Cualquier camaján lo sabe, porque allá el tiempo tampoco es impredecible. Es fácil saber lo que va a pasar o, como poco, enterarse. La gente habla entre sí y de sus conversaciones uno puede extraer información de que lo pasa y preocupa en la isla. Pocas veces coincide con las portadas de Granma o Juventud Rebelde, que suelen anunciar un aumento en la producción de yuca en alguna provincia, o la visita de una delegación oficial angolana al país. Pero a veces, como estos días, las portadas cambian para anunciar la visita de alguien importante. “Ha venido Dilma”, habrá comentado algún habanero a su compadre mientras degusta un pan con perro de tres pesos. De ahí habrá salido algún cuento y alguna risa. Poco más. Las noticias y debates que nos llegan a los yumas a través de nuestra prensa pocas veces son las que preocupan en Cuba.

Dilma está por allá, y su visita genera más debate fuera que dentro de la isla. La prensa oficial habla del recibimiento, el excelente estado de las relaciones bilaterales, quienes son los miembros de la delegación brasileña, y quienes los de la delegación cubana. Otras dos pequeñas noticias cuentan que la mandataria ha rendido honores al apóstol José Martí y ha visitado las obras del puerto del Mariel. Lo mismo de siempre.

Mientras tanto, a nosotros nos llegan otros análisis y otras preguntas, como los deseos de la disidencia de que Dilma Rousseff incluya una entrevista con ellos; o la concesión del visado a la periodista, bloguera y activista Yoani Sánchez para viajar a Brasil. Finalmente, como era de esperar, la Presidenta no se reunirá con los representantes de la oposición al régimen. La concesión del visado hay que interpretarla como un gesto del gobierno brasileño tras la muerte de Wilmar Villar, que trastocó las intenciones de que la visita fuera una continuada secuencia de imágenes y declaraciones para demostrar el buen momento de las relaciones entre ambos países.

No sabemos si el gobierno cubano acabará concediendo a Yoani, más conocida en el extranjero que en su propio país, el permiso de salida para viajar a Brasil. En un momento como el actual, en el que se viene produciendo un goteo de leves gestos aperturistas, todo podría pasar. El hipotético viaje sería muy simbólico, y podría representar el inicio de una serie de lentas y contadas reformas en el inflexible y arcaico sistema migratorio cubano. Desde hace tiempo vienen apareciendo rumores y noticias al respecto. Las reformas económicas que se han producido vendrán, sin duda, acompañadas por consecuentes reformas políticas. En este sentido, el mensaje de la I Conferencia Nacional del Partido Comunista Cubano celebrada hace pocos días fue discreto, pero claro: aumentar la pluralidad y la democracia dentro de su propia estructura, “favoreciendo las discrepancias sean asumidas con naturalidad y respeto, incluyendo a los medios de comunicación masiva”.

Vista aérea del nuevo puerto del Mariel

Pero no hay que llevarse a engaños. Más allá de los imprevistos, la principal razón de la visita de Dilma Rousseff a Cuba es reforzar el posicionamiento de Brasil y extender su poderío en la región. Sin ir más lejos, es en Cuba donde Brasil está llevando a cabo uno de sus mayores proyectos para convertirse en un gigante comercial: el puerto del Mariel. El puerto comenzó a construirse oficialmente en 2010 con una inyección de 600 millones de dólares por parte de Brasil. Además, la encargada de ejecutar las obras es la empresa brasileña Odebretch, propiedad de Emilio Odebretch, empresario muy cercano al ex-Presidente Lula da Silva. El puerto, situado a unos 50 quilómetros de La Habana, se convertirá en el principal centro de exportación para Centroamérica y el Caribe, la principal puerta de entrada de productos brasileños a Estados Unidos, el punto de partida para cruzar el canal de Panamá hacia Asia, y uno de los principales polos industriales en América Latina. Nada más y nada menos. Para concluir la obra, Dilma viene a Cuba con 230 millones de dólares del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil debajo del brazo.

No es el imperialismo del que se acusaría a otros países por hacer lo mismo. Es simplemente la prueba de que Brasil está destinado a convertirse en el país más importante e influyente en la región. Los beneficios que Brasil obtiene son evidentes. Pero Cuba también obtiene los suyos, y no solo económicos. Brasil puede convertirse en un país clave para moderar y apadrinar el proceso de reformas que se han iniciado en la isla, aumentando así su influencia política en la región y en el mundo. Cuba, por su parte, además de mejorar considerablemente el estado de sus arcas, ve mejorada su imagen exterior; asunto que no es baladí, dado que la apertura comercial y el turismo siguen siendo claves para el futuro de la Revolución.

Debates para nosotros, que podemos. Nosotros sabemos los intereses de Brasil y los de Cuba, y conocemos a los amigos y enemigos del régimen. Sin embargo, algo me dice que aunque en las calles de La Habana no se habla de esto, todos los cubanos saben que la historia no es predecible, como el tiempo que va a hacer mañana.

Antonio J. Vázquez Cortés. Buenos Aires.

Escrito por Antonio J. Vázquez

Etiquetas: , , , ,