Curiosidades de Asia: el impacto ecológico de comer con palillos desechables

Al entrar a un bar o restaurante en China o Japón es común tropezarnos en cada mesa con un bote con palillos de madera. Los gustos varían según el tipo de local. Así, en los restaurantes de más calidad en Japón suelen preferir los palillos de bambú lacado, en China o Vietnam de plástico y en Corea los más comunes son los de metal. En cualquier caso, los palillos desechables o waribashi han ido ganando terreno a los reutilizables hasta ser prácticamente omnipresentes en China y Japón y, en menor medida, el resto de países asiáticos que utilizan palillos para comer. Esta costumbre que a simple vista parece inofensiva conlleva un destrozo ambiental considerable.

Los waribasi (“palillos que se separan”) son los palillos de madera de un solo uso, unidos por el extremo superior. Suelen presentarse en el interior de un pequeño sobre y es necesario separarlos antes de poder usarlos. Nacieron en Japón durante la era Meiji para las fiestas masivas en las que se ofrecía comida y se fueron popularizando progresivamente. Hoy se consumen 25 mil millones de palillos (200 por persona y año) solamente en el archipiélago. Sus ventajas es que son percibidos como más higiénicos y pueden ser utilizados para la comida para llevar (bento), celebraciones, comida preparada en los populares konbini o en aviones, tirándolos tras su uso. Además, muchos occidentales (incluido el autor de este post) consideran que son más fáciles de manejar que los palillos lacados o de metal. Pero la clave de su éxito es su precio. El coste de 5.000 pares de palillos al por mayor es de unos 4.200 yenes (40 euros) lo que hace que a los propietarios de restaurantes les salga más barato usar waribashi que lavar palillos de más de un uso.

A partir de los años 1980 los fabricantes japoneses decidieron trasladar la producción al noreste chino para ahorrar costes y evitar la legislación medioambiental. Hoy, el 90% de los palillos que consume Japón provienen de China y se ha creado una industria que emplea en torno a 60.000 trabajadores. Mientras China se ha ido convirtiendo en el mayor exportador mundial, su uso también se ha generalizado en el mercado interno hasta el punto de que en el Imperio del Centro se utilizan 57 mil millones de palillos anualmente o, lo que es lo mismo, 130 millones cada día.

El impacto ecológico

El impacto de esta práctica no es desdeñable y ha propiciado que prosiga la deforestación y desertificación del norte de China. Muchos organismos internacionales llevan años señalando que si los países de Asia Oriental pretenden atajar el cambio climático y mejorar la calidad del aire, una de sus prioridades debería ser la protección de sus bosques. De esta manera UNESCAP cifra en 28.000 km2 el área de bosque que se pierde cada año en Asia.

Los bosques capturan el CO2 mitigando el cambio climático y mejorando la calidad del aire. De acuerdo con el Banco Mundial, China contaba en 2007 con 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo. En ese contexto talar 3’8 millones de árboles (álamos, abedules y pinos) además de bambú para producir palillos de un solo uso parece una práctica no muy acertada.

La respuesta de la sociedad civil 

Ante esta situación han surgido voces críticas que solicitan el abandono de los palillos desechables. Greenpeace East Asia ha hecho una fuerte presión en este tema. Según sus estudios 400.000 m2 de bosque, una superficie similar a la Plaza de Tiananmen, desaparecen cada día en China para producir palillos. Para evitarlo ha realizado campañas impactantes en las que activistas se vestían de orangutanes y se colaban en los comedores de grandes empresas como Intel o Microsoft para “decir no a los palillos desechables”. El gobierno chino respondió incrementando en 2006 el impuesto sobre el consumo en un 5% a los palillos desechables y el Comité Olímpico desaconsejó su uso. El año pasado el Ministro de Comercio junto a diversas agencias gubernamentales comenzó a incentivar su abandono en empresas y restaurantes o al menos su reciclaje. A pesar de ello, Greenpeace lanzó una nueva campaña de concienciación intentando devolver a 80.000 palillos usados a su estado original instalando arboles hechos de waribashi en el centro de Beijing.

En Japón la campaña “My hashi” (“mis palillos” mezclando inglés y japonés) en la que participaron famosos jóvenes ha popularizado los palillos de diseño con una funda para llevar en el bolso. De esta manera, muchos restaurantes ofrecen descuento si llevas tus propios palillos y hasta se ha lanzado el “sujetador-palillos” (ver foto). El gobierno de Taiwán también ha regalado a sus funcionarios este tipo de palillos. Por otro lado, algunos artistas también han denunciado esta practica y varios blogueros han propuesto maneras alternativas de reutilizarlos.

A pesar de estos intentos su consumo no se ha reducido sustancialmente. La excepción es Corea del Sur donde fue prohibido su uso en restaurantes en 1995. En Japón están tan arraigados en la cultura popular que difícilmente se pueden eliminar sin un sustancial apoyo gubernamental. Por otra parte, convencer al chino medio es probablemente más complicado, ya que se percibe una gran inseguridad alimentaria en el país y los waribashi son considerados como seguros e higiénicos. Sólo medidas punitivas como la de la provincia de Shaanxi que ha prohibido su uso son efectivas. De momento las restricciones chinas han hecho que una parte de la producción se haya trasladado a Rusia, Vietnam o incluso Estados Unidos.

La verdadera batalla será que no se popularicen en otros países. Esperemos que así sea.

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