De China a Sevilla pasando por Manila

El consejero político de la Embajada de China, Chao Hong Sheng, y el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, tras la firma del convenio

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, firmó el pasado miércoles en Fitur un convenio con la Embajada de China en España según el cual la capital andaluza se convierte en la primera Chinese Friendly City de Europa. El objetivo es incrementar el número de turistas chinos que visitan la ciudad hispalense otorgándoles un “tratamiento singular”. En 2010 llegaron a España 102.000 turistas chinos de los que que Sevilla captó 7.200, incrementándolos hasta 9.500 el año pasado. Las previsiones son optimistas ya que Sevilla espera duplicar el número de turistas chinos en un corto plazo de tiempo.

La firma de este convenio es una muestra más del soft power que está adquiriendo el Imperio del Centro. Es curioso que Sevilla haya sido la primera ciudad europea en recibir esta calificación porque también fue una de las primeras ciudades europeas en mantener un contacto comercial regular con China. El origen de los intercambios comerciales entre Asia Oriental y el Mediterráneo están teñidos de misterio. Desde la legendaria ruta de la seda, los viajes de Marco Polo, las polémicas rutas del almirante chino Zheng Hela ruta marítima entre Lisboa e India de Vasco da Gama o las misiones franciscanas.

El Galeón de Manila

Ruta del Galeón de Manila

Aún así, es posible afirmar que los primeros contactos comerciales regulares por vía marítima entre China y Europa se remontan al siglo XVI. En 1564 el conquistador Miguel López de Legazpi incorporó las “Islas Felipinas” a la Corona española, bautizadas así en honor a Felipe II por el explorador Ruy López de Villalobos. La ruta América-Filipinas era conocida desde 1521 pero la ruta Filipinas-América o “tornaviaje” fue descubierta por el marino y fraile agustino Andrés de Urdaneta un año después de que Filipinas fuera anexionada. El primer “Galeón de Manila”, “Nao de China” o “Galeón de Acapulco” partió desde la isla de Cebú en dirección a Japón donde las corrientes kuroshio facilitaban el viaje hacia California (evitando así los terribles alisios) para navegar después de forma paralela a la costa hasta el Virreinato de la Nueva España. El galeón solía portar sedas, brocados y porcelanas chinas, muebles lacados japoneses, algodón, manteles y cortinas de Bengala, telas nipiz de Iloilo y especias (pimienta, canela, clavo, sándalo, alcanfor o jengibre) de Timor, Ceilán, Mindanao, Siam o las Molucas con destino a Acapulco (México) y Callao (Perú). La ruta fue gestionada por la Casa de la Contratación de Sevilla y fue tal su éxito que se construyeron unos imponentes astilleros en la ciudad de Cavite próxima a Manila y propició la creación de la Casa de la Moneda de Nueva España, la primera de América.

Al llegar a Acapulco parte de las mercancías eran cargadas en mulas hasta el puerto atlántico de Veracruz (por el conocido como Camino de Asia), desde donde partían barcos rumbo a Cádiz o Sevilla. De esta manera, el viejo sueño colombino de conectar comercialmente Europa y el lejano Oriente se llevó a cabo a través de América Latina. Se mantuvo hasta principios del siglo XVIII debido al gran interés que causaban las mercaderías asiáticas en Nueva España y Europa y a la aceptación en sentido inverso de productos como el café, maíz, cacahuete, cacao o las hamacas, desconocidos en extremo oriente. Otro de los motivos fundamentales por los que la ruta perduró fue la gran necesidad de plata (proveniente de Zacatecas, Guanajuato y Potosí) que tenía China para proseguir con su comercio. No fue hasta 1811, con la guerra de independencia mexicana, que se interrumpió esta ruta. Esos casi dos siglos y medio de relaciones comerciales propiciaron unos intercambios culturales que influyeron en el lenguaje, religión, gastronomía, arquitectura, costumbres (como las peleas de gallos en México), vestimenta, artesanía o folclore de tres continentes. A su vez esta ruta también creó fricciones económicas, como el debilitamiento del incipiente sector textil de Nueva España, caso que se repite actualmente con el espectacular crecimiento las exportaciones de textil chino a México.

El mantón de Manila

Mantón de seda procedente de Filipinas (S.XIX). Museo Nacional de Antropología, Madrid.

La expresión más conocida de esta conexión es probablemente el mantón de Manila, originario del sureste de China (Cantón) pero que tomó su nombre del galeón. En un principio los mantones llegaban a Europa decorados con motivos orientales como pagodas, cañas de bambú, aves, flores de loto o dragones. Tuvieron una aceptación inmediata en la metrópoli, especialmente entre las cigarreras que acarreaban los cigarros liados en mantones y progresivamente entre la aristocracia, nobleza y corte. En el resto del Imperio su éxito fue más limitado, a excepción de la propia Filipinas donde se convirtieron en una muestra de ser natural de la metrópoli. Tras importar gusanos de seda chinos comenzaron a fabricarse en Sevilla. Progresivamente se fueron adaptando al gusto peninsular incorporando largos flecos, colores más alegres y motivos florales (margaritas, rosas o lirios). Y ha llegado hasta nuestros días como un ejemplo del folclore andaluz y español y pieza inseparable del baile flamenco que, sin lugar a dudas, será el espectáculo más demandado por los turistas chinos en Sevilla.

María Pagés baila “Autorretrato” en la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2008. REUTERS.

Álvaro Imbernón Sáinz. Bruselas.

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