El futuro ya no es el que era

Hoy en Passim estamos peliculeros. Peliculeros pero sin perder ese punto de extravagancia internacionalista que tanto nos gusta. La cita que da título a esta entrada se atribuye a muchos autores aunque la mayor se inclina por dar su paternidad a Paul Valéry.

Y no hay mejor testimonio de eso que ver cómo la industria cinematográfica imaginó el futuro (es decir nuestra época actual). Aunque el panorama en 2012 no es nada halagüeño tampoco estamos cerca de las distopías de las que tanto gustan los autores de ciencia ficción ya sean cineastas o escritores. Películas como Metrópolis (Fritz Lang), 1984 y La fuga de Logan (Michael Anderson), La Jetée (Chris Marker), Alphaville (Jean-Luc Godard), Fahrenheit 451 (François Truffaut) o la sátira de Woody Allen El dormilón, nos transportan a futuros opresivos que han alcanzado grandes avances científicos pero en el que el Estado reprime el carácter individual del ser humano y donde la sociedad se encuentra dividida entre clases antagónicas. Sin duda, muchas de estas obras están influenciadas por el miedo a los totalitarismos propio de la época en la que fueron concebidas. A pesar de ello sí podemos afirmar que estas películas dieron en el clavo al entrever ciertos aspectos de nuestra sociedad actual aunque el tono general sea mucho menos sombrío. La creciente desigualdad, el hedonismo, la despreocupación por los asuntos públicos o la obsesión por la tecnología como objeto de consumo y la falta de privacidad que su uso ocasiona forman parte de nuestro mundo y no parece que vayan a desaparecer pronto.

Hoy no nos remontaremos tan atrás sino que nos detendremos en como se concebía el futuro en el cine allá por la década de los 70, 80 y 90.

2001, Odisea en el Espacio (1968) y 2010: El año en que hicimos contacto (1984)

Hace ya dos años que pasó el punto de referencia que estableció en su novela Arthur C. Clarke “2010: Odisea dos” y aún no hemos conseguido enviar una misión tripulada a Júpiter. Desde que además el año pasado el gobierno estadounidense diese por concluido su programa de exploración ultraterrestre con naves tripuladas esa realidad parece aún más remota.

Ambas películas, una continuación de la otra, están llenas de curiosidades que a pesar de no haberse cumplido señalaban un camino que podía haber sido y que sin embargo no fue. En 2001 Odisea en el Espacio Stanley Kubrick impregnó las primeras escenas en la llegada a la estación espacial con elementos de derecho internacional público. En concreto del Tratado sobre las actividades de los Estados en el espacio ultraterrestre, especialmente en lo tocante al Artículo IV, que establece la prohibición de construir instalaciones con fines militares en la Luna y otros cuerpos celestes pero la aceptación de que el personal que desarrolle actividades en esas instalaciones sea militar. Algo que se puede observar en la escena en la que el científico estadounidense Heywood R. Floyd, al llegar a la estación espacial que órbita alrededor de la tierra antes de proseguir su viaje con destino ala Base estadounidense Clavius, se encuentra con una delegación de científicos rusos.

En 2001 también se pueden apreciar objetos que, si bien considerados de ciencia ficción en 1968, son hoy parte de la cotidianeidad. Las videollamadas (de momento factibles sólo en formato tierra-tierra para el común de los mortales) y las tan modernas tabletas o iPads, que en 2001 Odisea en el Espacio ya estaban a disposición de los astronautas utilizándolas como pantallas de televisión portátiles.

Aunque más cerca, gracias a proyectos como Virgin Galactic, aún habrá que esperar algunos años antes de cumplir la fantasía de que una azafata con calcetines adhesivos de la Pan Am, a prueba de gravedad, nos coloquen en la solapa de la chaqueta un bolígrafo díscolo danzando en libertad por la cabina al ritmo de las notas de “El Danubio Azul” de Johan Strauss (hijo).

En cuanto a 2010: El año en que hicimos contacto, la principal “visión” de futuro no se encuentra en la película, sino en la novela que la inspiró. Y es que si en el film son soviéticos los que se embarcan en la misión a Jupiter, en el libro de Clarke los que siguen a los norteamericanos en la conquista del espacio exterior son los chinos.

Mad Max (1979)

La película, ambientada en 2002 está protagonizada por un novato Mel Gibson. Se trata de la primera parte de la trilogía [las otras dos películas son Mad Max 2 (1981) Mad Max más allá de la cúpula del tiempo (1985) ] que dio la fama al actor australiano, y uno de los grandes éxitos del cine de la época en su país . En el desarrollo de las tres películas ocurre algo interesante y es que a medida que pasan las películas, se aprecia una desaparición de la civilización, asociado a un gobierno autoritario en retroceso, abocado a la desaparición. La película comparte común denominador con novelas como La Carretera de Cormac McCarthy, al plantear un futuro post-apocalíptico en que los gobiernos tienen poco que hacer en una realidad nihilista controlada (qué paradoja) por el caos. Esta realidad parece alejada del actual alzamiento de grandes capitalismos de Estado como China, pero resulta curioso que películas como esta ya plantearan los problemas ecológicos o de recursos que hoy día se encuentran en los titulares a diario.

Como nota cinéfila, el papel de Tina Turner en la tercera parte de la trilogía es uno de esos placeres que cualquier curioso debería conocer

Robocop (1987)

Forma parte de otra de las grandes trilogías sobre el futuro. En 2012 la ciudad de Detroit se encuentra próxima al caos por culpa de la ruina económica y la delincuencia rampante. La seguridad es subcontratada a una empresa llamada Omni Consumer Products, con el propósito de poner el viejo Detroit “en orden”, pasando a llamar la ciudad “Ciudad Delta”. Para facilitar el trabajo, la organización crea el programa Robocop, en que un policia recien fallecido es convertido en un medio robot, medio humano, encargado de la justicia en la ciudad. La película se encarga de atribuir a dicho robot ciertos dilemas morales, cuando entre las imposiciones programadas que tiene, están las de no actuar contra miembros del propio gobierno… hagan lo que hagan. La película describe una realidad quasi-fascista en que el monopolio de la violencia queda privatizado, dejando en el aire el dilema aquel de ellos te protegen de mí, ¿de ellos quién te va a proteger?

La realidad de una seguridad privatizada, unido a un aumento de la delincuencia o sobre todo, a una fuerte crisis económica, resulta del todo pertinente a día de hoy y puede llegar a recordar a casos como el de Blackwater en Iraq, o cómo se generaron nuevos nombres para ciudades, como Ciudad Sadr.

Regreso al Futuro II (1989).

Ambientada en 2015. Desafortunadamente para los que alguna vez practicamos el arte del monopatín aún no han inventado el monopatín que sobrevuela la superficie sin establecer contacto, ni las mangas de chaqueta autoajustables. La previsión meteorológica, a pesar de que ha avanzado muchísimo desde 1989 aún no consigue establecer con precisión los minutos durante los que durara la lluvia y los coches siguen sin volar.

Blade Runner (1982).

Ambientada en un futuro (2019) en el que el género humano comparte espacios vitales y productivos con humanoides (replicantes) fabricados para hacer la vida más fácil a los humanos y correr riesgos en  las colonias exteriores de la tierra que los  humanos no quieren asumir. Aunque aún faltan 7 años para llegar al momento exacto de ambientación de la película, que en 2012 cumple 30 años, parece que aún estamos lejos de situarnos en un mundo en el que la ciudad de Los Ángeles se ha convertido en un oscuro centro de poder industrial en un mundo que se ha expandido por el espacio exterior estableciendo colonias.

Lo que sí vislumbró, sin equívocos, Ridley Scott fue la preponderancia asiática en ese mundo de 2019. En las escasas imágenes de vida en la calle, la ciudad por la que se mueven los Blade Runners están repletas de ciudadanos de rasgos asiáticos que desempeñan actividades de comerciantes.

Cuando el destino nos alcance (1973).

Ya a principios de los 70 grandes cineastas se planteaban el futuro, el cual describían en términos poco halagüeños. Charlton Heston protagonizó tres grandes estrenos en aquella época. De sobra son conocidas tanto El Planeta de los Simios (1968) como El retorno al Planeta de los Simios (1970). Pero quizá la más interesante por las implicaciones que tiene sobre el futuro y por su tono pesimista, sea la obra de Richard Fleischer, Cuando el destino nos alcance. Se trata de una visión malthusiana de Nueva York, y por extensión del mundo, en el 2022. Aún quedan 10 años para llegar a esa fecha, pero muchas de las claves que se dan en la película, sobrevuelan la política internacional de hoy día. Sobrepoblación, falta de alimento, desigualdad, son las claves de una película con unos de los finales más brutales de la historia del cine en lo que respecta al futuro del género humano. Y una pregunta… ¿cuál es el secreto del Soylent verde? Una pregunta que, sin ánimo de “destrozar” la película, nos atañe a todos.

 Vicente Manjavacas. Madrid.

Escrito por vicentemanjavacas

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