Juana de Arco vive… y vota

Como cada año, el Frente Nacional ha celebrado por todo lo alto en la plaza de la Ópera de París su habitual y anual -aunque siempre parecido- homenaje a la figura de Juana de Arco. Me parece un personaje histórico importante, es más, no se me ocurre uno mejor para describir el papel del Frente Nacional en la política francesa.

Iluminados por un bien mayor, por el que ellos mismos están siempre dispuestos a batirse el cobre para deshacer el pandemonium que vive Francia con sus toneladas de inmigrantes inadaptables –este último comentario es paráfrasis-. No les deseo su trágico final, evidentemente. Sin embargo, parecen investidos de un mesianismo que solo vemos en estos tiempos en algunos países de Hispanoamérica.

Marine Le Pen en su último mitin en París. Getty.

«Vive la France», exclama Jean Marie tras su discurso y antes del de su hija, Marine, nueva líder del partido. Se hace el olvidadizo y no grita el «Vive la République».

Error: nigún olvido es gratuito, ni es un descuido. En el Frente Nacional la medida a cada paso de la palabra y acto es constante, incluso dentro de su teatralidad.

Ella, radiante y feliz, ebria por el 18% de votos, ama a Francia y a sus oyentes. Que, por primera vez en mucho tiempo, no son solamente los que se encuentran en la soleada plaza.

Son los millones de franceses que escuchaban con seguro gesto de preocupación sobre el qué iba a decir ahora quien tiene la sartén por el mango. Hacia dónde dirigirá el futuro de la República, se cuestionaban muchos.

Una consigna podría haber decantado la balanza hacia uno de los dos –opino que las posibilidades eran Sarko o en blanco, un apoyo a Hollande hubiera sido delirante-. Un suspiro de alivio ha debido recorrer a los dos candidatos cuando ha dicho: en blanco. Sarkozy y Hollande tendrán que disputar los votos ellos solos. Pero, como es natural, no todo el Frente Nacional votará en blanco. Dudo de que la propia Le Pen que hoy exclamaba «votaré en blanco», lo haga. Hay muchas cosas en juego.

¿Y qué pasará entonces con los votantes frontistas? Seguramente se repartirán entre ambas fuerzas. La proporción es incierta y depende de varios factores.

Conviene desterrar, primero, algunos de los clichés que se están desparramando por la prensa española sobre el Frente Nacional. Porque fundamentalmente debemos distinguir dos realidades no contradictorias, a veces contrapuestas, y por supuesto complementarias: el partido y sus votantes, que se mueven en ámbitos de pensamiento diferentes.

El partido de Le Pen es la extrema derecha y aún así no todos los que lo apoyan lo son. Una verdad palmaria que hay que aceptar. Los militantes de carné sí lo son necesariamente, pero no hay un 18% de frontistas de cuota.

Así que algunos de ellos han votado por el partido a raíz de ciertos factores que lo definen y que podríamos distinguir brevemente: el hartazgo de la religión musulmana, racismo y fronteras; la defensa de ‘lo francés’ y el mensaje anticapitalista.

Racismo de salón.

Con la salida del armario de la tolerancia de muchos líderes europeos, sobre todo nórdicos, ser racista ha dejado de ser tabú. Los inmigrantes se benefician de las ayudas sociales, acceden a los puestos de trabajo y practican libremente su religión. Según como juzgue el lector la anterior frase, de forma positiva o negativa, podrá ponerse en la piel de un frontista racista. La cuña de Marine Le Pen, su giro discursivo, ha sido cambiar la crítica directa a los musulmanes por la «defensa» de un valor republicano: la laicidad. Se sabe que es un truco, pero es difícil desenmascararla.

La integración de los inmigrantes, en el centro de la campaña presidencial francesa.

La ley del velo, que prohíbe a las mujeres llevar la cara tapada en público es una defensa en la superficie de los valores de no dominación del hombre sobre la mujer. Por detrás funciona el mecanismo de la restricción de la religión islámica. El francés votante del FN tiene la imagen de que los inmigrantes, sobre todo árabes y negros, se aprovechan de las ayudas sociales y no trabajan. Y cuando lo hacen, les roban los puestos a los franceses. De ahí al control de fronteras, solo hay un paso. Muchos de ellos abogan por eliminar el tratado de Schengen y devolver a la policía fronteriza y a las aduanas de donde no debieron salir.

Este tipo de votante se inclinará seguramente por el voto en blanco o por Sarkozy.

La grandeza de Francia

Desde que Alemania lleva el timón de la economía europea, el orgullo nacional se ha venido abajo. Ver a Sarkozy hacer de portavoz de Alemania ha sido como perder Alsacia y Lorena de nuevo. La reacción ha sido inmediata. La reivindicación de las cosas hechas en Francia es nueva bandera en el Frente Nacional. El resto de partidos en cierto modo lo empiezan a decir, pero ellos estaban allí primero. Beneficiados electoralmente por las externalizaciones y deslocalizaciones. El obrero francés que teme por su puesto de trabajo conoce antes a Le Pen que a Mélenchon, y este último está demasiado orientado hacia Hollande.

Marine Le Pen explotó ese filón durante la campaña –que votar al Frente de Izquierda era como votar a Hollande- y horas después de los resultados se confirmó. A su vez se mantuvo neutral entre los dos candidatos sabiendo que es ella la que marca la agenda, a la que mucha clase trabajadora escucha.

El mensaje contra la deslocalización va de la mano del mensaje contra el liberalismo económico, que ambos –UMP y PS- apoyan en gran medida. Es difícil saber por quién se decantarán en la segunda vuelta.

Anticapitalismo de derechas.

Acostumbrados a que el anticapitalismo sea de izquierdas, no recordamos que los regímenes de Mussolini o los movimientos como la Falange clamaban contra la empresa privada.

No hay nada más apegado al terruño que el nacionalismo exacerbado de la extrema derecha: la alabanza de aldea radical. Los valores tradicionales procedentes de las provincias, donde todo era un intercambio directo, cara a cara, se alienan en las grandes ciudades con el capitalismo impersonal.

Los buenos viejos tiempos, la edad de Oro, se materializan en la gran bola sentimental que conjuga el Frente Nacional. La diferencia con el Frente de Izquierda es que el anticapitalismo de este se alimenta de lo comunal y el reparto de la riqueza racional, del marxismo; mientras que el de la extrema derecha es más ancestral, más individualista y de supervivencia.

Los dos candidatos a las elecciones presidenciales francesas. Le Figaro.

Estos votantes son los más propensos a votar por Hollande, que es más ‘anticapitalista’ (habría que poner muchas más comillas) que Sarkozy.

Nuevo presidente y Frente Nacional para rato.

El domingo se celebrarán las elecciones presidenciales. Y en junio las legislativas. Puede que sea el gran momento de la extrema derecha para empezar a tomar poder y ‘normalizar’ su mensaje, imponerlo en el debate político como ya ha hecho en cierto modo.

La llamada ‘tercera vuelta’, las elecciones al Parlamento, darán la verdadera dimensión de la ola frontista.

Escrito por Oscar Valero

Escritor y periodista. Tras pasar tantos años en España y Francia, establecido en Grecia, donde trato de entender el nudo gordiano de los Balcanes, un territorio más literario que su propia literatura.

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