La no tan nueva Centroamerica

Verdugos de ideales afligieron la tierra,
en un pozo de sombras la humanidad se encierra
con los rudos molosos del odio y de la guerra.

Rubén Dario

El pasado noviembre, dos importantes países centroamericanos como Nicaragua y Guatemala eligieron a sus respectivos Presidentes en sendos procesos electorales. Bajo los focos estaban las relativamente altas probabilidades de fraude electoral y, en definitiva, la certificación de salubridad democrática en una región que, en la mayoría de los casos, se ha caracterizado por desarrollar una cultura política marcada por la corrupción y la violencia. Para el caso guatemalteco, según los observadores, la votación transcurrió con total normalidad; mientras que para el nicaragüense, observadores electorales de la OEA destacaron ciertas dificultades e irregularidades durante la jornada electoral. Este dato no debería sorprendernos si tenemos en cuenta algunos índices sobre calidad democrática, como el que, por ejemplo, cada año publica The Economist, y que define a Guatemala como una democracia defectuosa (democracia, al fin y al cabo), y a Nicaragua como un “régimen híbrido”, que siquiera puede ser considerado, en todo caso, como democrático.

Más allá de eso, lo principal es que en Nicaragua Daniel Ortega revalidó su presidencia con una arrolladora victoria frente a Fabio Gadea y el ex-presidente Arnoldo Alemán. Y en Guatemala,  Otto Pérez Molina venció ajustadamente al también ultraderechista Manuel Baldizón en el balotage, en unas elecciones protagonizadas por el patriotismo, el populismo y la “mano dura”.

La victoria de Ortega, caudillo esotérico que no dudó en traicionar sus ideales y pactar con sus antaño más fervientes enemigos con tal de conservar su poder, no puede explicarse sin tener en cuenta tres factores importantísimos: el pacto con la iglesia católica nicaragüense, personificada en el cardenal Miguel Obando, quien participó activamente en la campaña; las políticas sociales (o, más bien, populistas) financiadas por la Venezuela de Hugo Chávez y el narcotráfico; la puesta en marcha de políticas neoliberales, como por ejemplo dar ventajas fiscales a los empresarios e inversores extranjeros; y un férreo control de la administración basado en el terror institucional al más puro estilo soviético. Así, no se esperan cambios ni evolución alguna en el modelo nicaragüense, que seguirá apostando por el populismo caudillista como elemento definitorio de su política interna, y una política exterior filial de la venezolana (aunque el propio Ortega viéndose a sí mismo con un líder internacional de primer nivel), con la alternativa regional bolivariana como bandera.

Aunque pudiera parecer que para el devenir de Guatemala existe mayor misterio, todo indica que de no producirse otra extraña metamorfosis a base de tila y pasiflora, la mano dura del General retirado Otto Pérez Molina hará sombra sobre las cabezas de la población guatemalteca. Hasta el 14 de enero, cuando tomará posesión de su cargo, en el país se seguirá respirando una leve tensión entre quienes temen la “mano dura” de quien aun es acusado de violación de los Derechos Humanos por aniquilar comunidades indígenas, y quienes defienden que con la rigidez y disciplina castrense se lograrán alcanzar objetivos que los políticos civiles no pudieron conseguir en materia de economía, justicia y seguridad. De momento, en su presentación en sociedad, ha primado sobre todo el tono moderado y el talante conciliador.

Después de repasar las dos grandes novedades de la región, la pregunta es ¿cómo queda el mapa político del resto de Centroamérica? Hagamos un repaso:

Panamá: El Presidente, Ricardo Martinelli, se ha caracterizado, desde que asumiera el mando del país en 2009, por su pragmatismo político, apoyado en un gobierno técnico cuya única misión es cumplir con unos determinados objetivos económicos y sociales concretos. Panamá es el país con la economía más fuerte de Centroamérica, con un crecimiento que estará entre el 5% y el 6% del PIB para 2011 según el pronóstico del FMI y el Banco Mundial. Es el único país centroamericano con superávit en su Balanza comercial. La noticia más destacada y comentada en el país durante las últimas semanas es la entrega del dictador Manuel Antonio Noriega por parte de Francia a la justicia panameña.

Costa Rica: Sigue considerándose una de las democracias más consolidadas de América Latina (la única considerada “democracia plena” según el índice de The Economist). Ocupa el séptimo lugar de la región en desarrollo humano. Aunque la pobreza y la desigualdad han aumentado en los últimos años, sigue siendo uno de los Estados más prósperos de Centroamérica.  Actualmente, tal y como ha expresado la Presidenta Laura Chinchilla, la creciente actividad del narcotráfico se ha convertido en el principal problema para un país que no tiene ejército desde 1948.

Honduras: De la mano del centrista y conciliador Porfirio Lobo, quien poco a poco ha ido construyendo su legitimidad como Presidente, el país sigue recuperándose de la crisis de 2009, cuando el Presidente “Mel” Zelaya fue derrocado de forma ilegítima por los militares. La agricultura, y más concretamente el café y el banano, siguen siendo el principal sostén de la economía hondureña. El turismo está emergiendo como un sector pujante. En los últimos días, el propino Zelaya ha criticado duramente al gobierno por la situación de la seguridad ciudadana en el país. En una entrevista en CNN en Español, el propio Porfirio Lobo respondió a las acusaciones.

El Salvador: Los Acuerdos de Paz de Chapultepec, que pusieron fin a la guerra civil en 1992, trajeron consigo grandes avances democráticos. Hoy por hoy, El Salvador puede considerarse como una democracia bien asentada. Sin embargo, las fracturas sociales y la división que llevó al estallido de una confrontación interna que duró más de doce años parecen no haber cicatrizado del todo. El Presidente Mauricio Funes, llegó a la presidencia en marzo de 2009 con la sospecha de ser un peón más de Hugo Chávez en el tablero latinoamericano, el desarrollo de su presidencia lo ha situado en una linea mas cercana al modelo de Lula en Brasil. En este sentido, cabe destacar su rechazo a formar parte del ALBA, lo que le ha supuesto un enfrentamiento con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, partido que le aupó a la presidencia. La economía salvadoreña, marcada por años de política económica neoliberal, se sustenta básicamente a partir de los productos manufacturados y las remesas provenientes del extranjero. Actualmente es una de las economías que más crece en Centroamérica, sin embargo la desigualdad y las malas condiciones de vida de gran parte de  su población siguen siendo una deuda pendiente y un reto para el nuevo gobierno progresista.

Belice: País curioso. Se  trata de una monarquía parlamentaria marcada por su pasado colonial británico. La Jefa de Estado es la Reina Isabel II (representada por el Gobernador General, Sir Colville Young), aunque las riendas del gobierno están en manos del Primer Ministro, Dean Barrow. La economía de Belice es la tercera de Centroamérica teniendo en cuenta el PIB per cápita, y está basada fundamentalmente en la agricultura y la estabilidad de su moneda (dólar beliceño) como principal atractivo de las inversiones extranjeras. Todavía existe un conflicto abierto con Guatemala, que reclama su soberanía sobre parte de Belice en base a los acuerdos alcanzados con el Reino Unido para la devolución de los antiguos territorios de la Honduras Británica.

Antonio J. Vázquez Cortés. Buenos Aires.

Escrito por Antonio J. Vázquez

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