La pelota sigue en el tejado alemán

En circunstancias normales el titular del histórico Consejo Europeo del 8 y 9 de diciembre en Bruselas debería ser “El Reino Unido se borra”, “Merkel impone su ley en la zona euro” o “el europeísmo ha tocado techo en Francia”. Sin embargo el descrédito del proyecto europeo es tal y la situación económica de la eurozona es tan delicada que las expectativas están puestas en los próximos pasos de Berlín.

Viñeta de Chapatte en el International Herald Tribune

La coalición de gobierno democristiana-liberal alemana siempre ha considerado la crisis de la eurozona como un problema de deuda pública de los países periféricos y ha recetado una única cura: austeridad y control de la inflación. En paralelo ha ido pergeñando un relato a base de medias verdades en la que una Alemania austera, y que ya afrontó sus problemas estructurales a través de la Agenda 2010, tiene que cargar con el pesado fardo de unos países periféricos tramposos y despilfarradores. La prensa sensacionalista, con el Bild a la cabeza, se ha afanado en completar esta visión echando mano de La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber, dividiendo Europa entre protestantes laboriosos y sureños perezosos mientras se resta gravedad a la calamitosa situación de su sistema financiero.

La gestión de la crisis que ha hecho Berlín ha estado plagada de constantes cambios de posición. De esta manera llegó anunciar que no aseguraría el 100% de sus depósitos bancarios, que no habría ayuda a Grecia, que el FMI no participaría en la solución de los problemas de la zona euro y fue reticente a la instauración de los test de estrés a la banca o la creación de un fondo de rescate.  Posturas que fueron rectificadas en corto plazo de tiempo.

Todas las propuestas de Berlín han ido encaminadas a solventar una de las fallas de la arquitectura del euro: la incapacidad de imponer de manera efectiva los criterios de Maastricht que limitaban el déficit (3% del PIB) y la deuda pública (60%). Se da la paradoja de que fueron el canciller alemán Gerhard Schröder y el presidente francés Jacques Chirac quienes dinamitaron el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en 2003 evitando ser sancionados pese a sus incumplimientos (ver tabla). Para conseguir el objetivo anteriormente citado, el gobierno alemán ha utilizado una técnica negociadora que podríamos calificar de brinkmanship, la práctica de llevar los acontecimientos al borde del desastre a fin de lograr el resultado más ventajoso.

El resultado del Consejo Europeo

A grandes rasgos lo decidido en el Consejo Europeo viene a configurar el esbozo de una futura unión económica que completaría la Unión Monetaria Europea (UME) que comenzó en 1999 con la introducción del euro. Tras el veto del Reino Unido, 23 países participan del pacto y Suecia, República Checa y Hungría consultarán a sus Parlamentos antes de aprobar el acuerdo. De esta forma se opta por la vía intergubernamental que es más rápida y evita los referéndums, aunque suscita numerosas dudas legales. Aunque se constate a las claras una Europa a dos velocidades que ha existido siempre, se evita el mal mayor que habría sido el de crear una eurozona a dos velocidades (lo que algunos calificaban de forma jocosa como la zona del euro y el eurito). Por otra parte, también se firmó el Tratado de Adhesión de Croacia, que entrará a formar parte de la UE el 1 de julio de 2013.

Disciplina fiscal y automatismos. Se insta a introducir en las constituciones la “regla de oro” que impida superar el 0,5% de déficit estructural. España ya la introdujo a través de la polémica reforma de la Constitución pero algunos países, como Francia, lo tendrán difícil. Los Estados que superen el 3% de déficit serán sancionados automáticamente excepto en el caso de que una mayoría cualificada de países de la zona euro se opusiera (¿una puerta abierta al incumplimiento de Francia o Alemania?). Los países de la zona euro estarán obligados a informar de las emisiones de deuda y sus presupuestos nacionales serán revisados antes de su aprobación.

El fondo. Hasta el momento, el EFSF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) ha sido el encargado de apoyar a los países rescatados y todavía dispone de 250.000 millones de euros. Alemania no ha permitido ampliar su dotación y se ha negado a que cuente con ficha bancaria para poder pedir directamente fondos al Banco Central Europeo (BCE) como proponía Herman Van Rompuy. El EFSF es un mecanismo temporal llamado a ser sustituido por el European Stability Mechanism (ESM o MEDE, Mecanismo Europeo de Estabilidad) en 2013. Su entrada en funcionamiento se adelanta a 2012, contará con 500.000 millones de euros y sus decisiones se tomarán por mayoría cualificada del 85% lo que evitaría el veto de naciones pequeñas como Finlandia. Además, como el BCE no puede comprar deuda soberana en el mercado primario se otorgarán préstamos bilaterales por valor de 200.000 millones al FMI para que pueda dar créditos a los Estados en apuros. El problema es que el mecanismo no cuenta con fondos suficientes en el caso de que fuera necesario rescatar a países como Italia o España lo que los convierte en too big to fail (demasiado grandes para caer), desatando las especulaciones de los inversores. Por otra parte, ayer saltó la noticia de que el Banco Popular de China va a crear dos vehículos financieros con la intención de invertir hasta 225.000 millones de euros en Europa (Hua Ou) y Estados Unidos (Hua Mei).

Rescates. Se califica de “caso único” a Grecia y se asegura que nunca más se volverá a exigir a los inversores privados su participación (quitas) en caso de default o restructuración. Precisamente fueron Francia y Alemania quienes impusieron la participación del sector privado de forma “voluntaria” como acordaron en octubre de 2010 en Deauville a través de cláusulas de acción colectiva (CACs). Ello supuso que la deuda soberana de la zona euro dejara de ser considerada un activo seguro, precipitó la caída de Irlanda y disparó la prima de riesgo de países como Italia, España o Bélgica.

Lo que se atisba en el horizonte. Los firmantes muestran su deseo de avanzar hacia una “política económica común”. Los próximos pasos serían una regulación financiera y bancaria común, una mayor armonización en materia fiscal (especialmente en el caso del impuesto de sociedades) e impulsar la Tasa Tobin.

Las cuestiones clave que no se han planteado

Las medidas aprobadas no solucionan los problemas a corto plazo de la zona euro: el disparatado coste de financiación de los Estados, la restricción del crédito y las perspectivas de recesión. En estos momentos los tipos de interés que pagan los Estados por su deuda no están realmente relacionados con su sostenibilidad sino con la incapacidad de defenderla por parte de sus instituciones. El euro es una moneda huérfana de Banco Central. El artículo 123 del Tratado de Lisboa no permite al BCE prestar a Administraciones Públicas y el 125 afirma que la zona euro no debe hacerse responsable de la deuda pública de los Estados miembros. Se limita a que la inflación no supere el 2% y a ofrecer liquidez a la banca. Tanto le obsesiona la inflación que incluso ha desarrollado unos videojuegos para educar a los más jóvenes en la ortodoxia.

Esta es una situación única ya que una de las labores básicas de los Bancos Centrales consiste en apoyar a su deuda frente a los que apuestan contra ella. De esta manera, el Banco de Inglaterra (BoE) tiene un programa de compra de bonos de 325.000 millones de euros lo que le permite a un país con los fundamentos económicos muy dañados como el Reino Unido seguir financiándose a un precio razonable. Aún así, la clave no está tanto en gastar sino en disuadir a quien apueste contra el euro. Es un caso similar al de contar con un arma atómica, que facilita la defensa de un país pese a que no se use. Hacerse con un bazooka para usarlo sólo en caso de necesidad. Así, en Estados Unidos es lugar común el aforismo Don’t fight with the Fed (no luches contra la Fed). El bazooka consistiría modificar el mandato del BCE para que se convierta en prestamista de último recurso asimilando su papel al de la Reserva Federal. De esta manera, Frankfurt podría fijar un tipo de interés objetivo para la deuda italiana o española amenazando con intervenir en el mercado. Para completar realmente la unión monetaria sería necesario la emisión de eurobonos, un Tesoro Único Europeo y la potenciación de la EBA (regulador bancario europeo). Avanzar hacia una gobernaza económica real de la Eurozona.

Berlín y la opinión pública alemana se han opuesto a ello porque consideran que la eurozona se convertiría en una “unión de transferencias”. Además la monetización de deuda (a través de la compra de bonos) suena a herejía tanto en Frankfurt como en Berlín por su atávico terror hacia la inflación. Alemania parece satisfecha con la situación actual ya que su superávit comercial todavía no se ha resentido, la huida a valores refugio le asegura una financiación barata y canaliza el ahorro de la zona euro hasta el punto de que muchos bancos alemanes cuentan con trabajadores que hablan griego para tratar con los ahorradores helenos.

Sin embargo, en un mundo donde las perspectivas económicas de Europa, Estados Unidos, China o Brasil se resienten cada día, pensar que las tensiones van a desaparecer por las nuevas medidas adoptadas en Bruselas es utópico. Si los países de la UE entran en recesión las exportaciones alemanas sufrirán (de momento sólo han descendido un 3.6% con respecto a septiembre). Ya lo recordó Barroso: “en 2010, Alemania exportó más bienes y servicios a los Países Bajos que a China, a Francia que a Estados Unidos, a Polonia que a Rusia, a España que a Brasil, a Hungría que a la India”. A medio y largo plazo una unión económica completa redundaría en beneficio de Berlín. Ejemplo de ello es que desde la entrada en vigor del euro las exportaciones alemanas se han doblado en parte por gozar de una moneda relativamente débil. Yendo a parar dos tercios de esas exportaciones a la UE y un poco menos de la mitad a la zona euro. Si se asume que “una vez hecha la tortilla (eurozona) es imposible separar los huevos” la prioridad debería ser preservar la tortilla en buen estado aunque ello implique ciertos sacrificios. En el SPD (socialdemócratas alemanes) y Die Grünen (Los Verdes) son más receptivos a estas soluciones. Así lo mostraba el ex-canciller Helmud Schmidt exhortando a rechazar el “egoísmo nacional”.

El edificio está en llamas. Hay que llamar a los bomberos pero los europeos nos empeñamos en plantear una reforma del edificio antes de apagar el fuego. Ahora que ya tenemos una Europa alemana, la cuestión es saber si el gobierno de Merkel sabrá actuar con generosidad y altura de miras. Esperemos no tener que acordarnos de las palabras del ex-ministro italiano de finanzas Giulio Tremonti: ”Si cometemos errores, pasará como en el Titanic, no se salvarán ni los pasajeros de primera clase”.

La pelota sigue en el tejado alemán.

Álvaro Imbernón Sáinz. Bruselas.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,
UA-53160144-1