Los dos Sudanes ¿Condenados a enfrentarse?

Patricia Varela

“La última cosa que necesitan estos países es otra guerra”

Ban Ki-moon

El Secretario General de la ONU pedía así el pasado sábado el cese de las hostilidades entre los dos Sudanes. Un día antes, Omar al-Bachir, presidente de Sudán, declaraba que el ejército había recuperado el control de la ciudad fronteriza de Heglig, poco después de que el gobierno sursudanés anunciase su retirada sin condiciones de la zona.

Las hostilidades entre Sudán, mayoritariamente musulmán, y su vecino del Sur, de mayoría cristiana y animista, no han cesado ni siquiera tras la independencia del segundo en junio de 2011. Ambos países se han acusado mutuamente en los últimos meses de apoyar a grupos militarizados de rebeldes que actúan en las zonas fronterizas.

Sudanese President Omar al-Bashir addresses military soldiers in Heglig April 23, 2012

El Presidente sudanés Omar al-Bashir se dirige a sus soldados en Heglig, el 23 de abril – REUTERS, Mohamed Nureldin Abdallah

Omar Al-Bachir, sobre el que pesa una órden de captura de la Corte Penal Internacional por su participación en el genocidio de Darfur, ha aprovechado la tensión en la frontera en las últimas semanas para encender el discurso nacionalista. Vestido de uniforme militar, proclamaba la victoria sobre su vecino del sur después de una semana en la que no ha dudado en decir que la violencia en la zona “reavivará el espíritu de la yihad” y referirse a los grupos guerrilleros en el norte como “los insectos” de Yuba en Sudán.

Ya han pasado siete años  desde el final de la segunda guerra civil sudanesa, en la que entre 1983 y 2005 murieron casi dos millones de civiles en el sur del país, hoy convertido en el estado más joven del mundo. Pese a que a muchas heridas siguen abiertas, la escalada de la violencia en la zona ha conseguido reavivar el fantasma de la guerra.

 Fronteras, la guerra por el petróleo

Dos áreas concentran la producción de crudo en lo que hasta hace poco menos de un año se conocía como Sudán y sobre ambas serpentea la disputada línea que hoy divide los dos países.

Al norte de la frontera se sitúa la ciudad petrolífera de Heglig, donde comienza el oleoducto de la Great Nile Petroleum Company que lleva los más de 60.000 barriles diarios que producen los pozos de la ciudad a Jartum y de allí al Mar Rojo.  El 10 de abril los soldados del Sur entraron en la ciudad después de, según defiende el gobierno de Yuba, un ataque por parte de tropas sudanesas en las cercanías de la población. Sudán de Sur defiende que Heglig les pertenece y niega haber invadido el territorio de su vecino del norte.

Habitantes de Jartum celebraron la noticia de la reocupación de Heglig por tropas de Sudán – Reuters

La “toma” de Heglig marca el punto de inflexión en la escalada de violencia entre los dos países. La ciudad no es un pozo más de los que ha quedado al norte de la frontera tras la independencia de la región sur: Los citados 60 mil barriles diarios suponen más de la mitad del crudo de la República de Sudán. Para el gobierno de Jartum, las pretensiones de Salva Kiir (Presidente de Sudán del Sur) sobre la zona del Kordofán del Sur, donde está Heglig, no son una broma. Y más desde que el gobierno de Yuba decidió en enero paralizar su producción de petróleo después de acusar al norte de robarle parte del crudo que enviaban a Jartum para su refinado y transporte. El gobierno sudanés estaba cobrando entonces 35 dólares por cada uno de los más de 500.000 barriles que producía diariamente a su vecino del sur, un tercio de su valor. Para evitar un peaje que considera abusivo, Yuba planea ahora la construcción de un nuevo oleoducto que comunique la capital con el océano Índico a través de Kenia.

Situación petrolifera de la República de Sudán y Sudán del sur – BBC

La cuestión petrolífera ha sido la principal división entre ambos gobiernos desde antes del referéndum que en enero de 2011 confirmó la ruptura del país en dos. las conversaciones que se celebraban en Adis Abeba a principios de abril para intentar mantener la calma en la zona fracasaron tras los incidentes en pozo petrolífero de Heglig. A renglón seguido, al-Bachir cancelaba también su visita a Yuba programada para mediados de mes y declaraba “enemigo” al gobierno sursudanés. Mientras tanto, el Sudán del Sur fijaba un precio por la retirada de sus tropas de Heglig: Sudán debía permitir la entrada de observadores internacionales en la zona y retirar sus soldados de la región de Abyei.

Instalación de procesamiento de petroleo quemada en Heglig – AFP

Abyei, entre el norte y el sur

Con un status administrativo especial establecido desde el final de la segunda guerra civil, la región de Abyei esperaba poder realizar un referéndum al mismo tiempo que sus vecinos del sur. En él se decidiría si esta región, poblada mayoritariamente por los cristianos Ngok Dinka, se quedaba en el norte o si se unía al nuevo estado de Sudán del Sur. Sin embargo, el gobierno de al-Bachir insistió en que los nómadas musulmanes Misseriya, aliados de Jartum  que pasan seis meses al año en la zona, participasen también en el referendum, convirtiendo la tarea de censar a todos los residentes de Abyei en una misión imposible.

Aunque ambos clanes habían mantenido la paz durante la guerra civil, la división de Sudán ha originado numerosos conflictos tribales en el último año, agravados por la toma de la región por parte del ejército sudanés en mayo de 2011. Aproximadamente cinco mil soldados permanecen establecidos en la región y el referéndum ha sido aplazado indefinidamente. Por su parte, los Misseriya, que en esta parte del año están presentes en la zona, no parecen haber decidido si unirse o no a las tropas de Jartum.

Riesgo de una nueva crisis humanitaria

Más de 100 mil personas han llegado al sur en los últimas semanas huyendo de las revueltas en las zonas fronterizas de Abyei, Kordofán del Sur y Nilo Azul. A ellos se les suman unos 700 mil sursudaneses que desde el ocho de abril, plazo límite para regular su situación, viven en el norte en un vacío legal. Intermón Oxfam cree que muchos de ellos tratarán de regresar al sur en los próximos meses, dificultando aún más la situación en el país, especialmente ahora que comienza la temporada de lluvias y muchas comunidades agrícolas quedarán aisladas. La situación en las zonas fronterizas se ha agravado tras la decisión del gobierno de al-Bachir, el pasado verano, de impedir el acceso de ayuda humanitaria y su rechazo a los ofrecimientos conjuntos que han hecho la ONU, la Unión Africana y la Liga Árabe para entregar alimentos en la zona.

La tarta sudanesa

Si el petróleo sustituye a la religión y una nueva guerra se desata en la zona, habrá que ver los equilibrios de poder que desarrollan en la zona. El norte cuenta con los apoyos de Egipto, quien siempre lo ha considerado su patio trasero, Rusia y China. Estos últimos no dejaron de vender armas al gobierno sudanés, incluso durante el genocidio en Darfur. El gigante asiático es además el primer comprador de petróleo sudanés y mantiene importantes intereses comerciales en el país. Otros vecinos, como Uganda, han confirmado que apoyarían a Sudán del Sur en una guerra, mientras Etiopía, la Unión Africana y Estados Unidos se ofrecen a mediar para evitar el conflicto. Las reservas de petróleo y minerales en la zona son grandes y muchos serán los países que pretendan irse con un pedazo.

Patricia Varela. Barcelona.

Patricia Varela es periodista. Ha trabajado con diferentes medios como Radio Exterior-RNE, en la sección de Internacional de la SER y como asistente de la BBC en España.

Escrito por Firmas Invitadas

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