Camino a la frontera. Hijos del tren de los desconocidos (II)

La primera parte del especial Passim sobre la crisis de menores migrantes la puedes leer aquí

En los últimos nueves meses más de 200 mil centroamericanos han sido detenidos al intentar cruzar la frontera sur de Estados Unidos. De estos cerca de 43 mil son menores procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador. En el paso fronterizo de Rio Grande (Texas) las detenciones de menores han aumentado un 189% y las de familias más de un 500%. El colapso del sistema fronterizo estadounidense estaba servido. No estaba preparado para atender la llegada de un número tan importante de migrantes. Los titulares de la mayoría de medios de comunicación que están cubriendo la información han puesto el foco en el aumento del número de menores que han sido detenidos y que lo han hecho sin estar acompañados en ese momento de ningún familiar. Este flujo migratorio no es una novedad por si sola. No es un fenómeno de 2014, se producía en años anteriores, aunque se intensificó en 2011. En ese año fueron 3.933 menores, en 2012 10.146 y en 2013 20.805. La diferencia está en la intensidad en la que se ha producido y la voz de alerta dada por las autoridades fronterizas.

Más allá de las cifras que podéis ver analizadas en este artículo el debate y la discusión se ha centrado en intentar responder a dos preguntas: ¿por qué ahora? y ¿por qué vienen?.

A la primera pregunta miembros del partido republicano culpabilizan a la política migratoria de Obama de generar un efecto llamada que ha llevado a miles de menores centroamericanos a intentar cruzar irregularmente las fronteras de Estados Unidos. No es cierto. Se cumple la legislación vigente existente desde 2008 bajo la administración de George W. Bush. que implica que este menor tenga que ponerse en “custodia” para, posteriormente, presentarse ante un juez quien decidirá si se le otorga asilo o se le deporta. Como el sistema fronterizo está colapsado este menor, si tiene a algún familiar directo en EEUU, es entregado a ellos a la espera del juicio. El problema viene por el colapso del sistema judicial que lleva a un retraso en la celebración de esos juicios. Por eso Obama ha pedido más de 3.700 millones de dólares para hacer frente a la crisis fronteriza, que no migratoria. La práctica totalidad de esos fondos se destinarán a poner más medios para agilizar la tramitación de deportaciones y mejorar las condiciones de los colapsados centros de acogida. No se entra en el fondo del problema.

Pat Bagley Cartoon - Editorial Cartoonist for The Salt Lake Tribune

Pat Bagley Cartoon – Editorial Cartoonist for The Salt Lake Tribune

Tampoco se ha analizado con detenimiento por qué la mayor afluencia de menores se ha dado en el paso de Río Grande. No es un tema menor. Me explico. Hasta el año 2012 era el paso de Tucson (Arizona) donde se producía el mayor número de detenciones de migrantes. Hacía diez años que así había sido. En los últimos dos años la llegada de menores migrantes se ha centrado en Río Grande, convirtiéndolo en el paso con mayor número de detenciones de migrantes. ¿Tendrá algo que ver la red de coyotes y polleros que actúan desde los años 80? ¿Los Zetas que entraron en el negocio hace más de diez años? Si fuera una cuestión legislativa, ¿por qué no se produce el mismo fenómeno en todos los pasos fronterizos? Quizás la pregunta no sea el por qué ahora, si no por qué en Río Grande.

Visto que no hay un ahora, entremos en el problema de fondo ¿por qué vienen? La violencia, la falta de oportunidades en sus países de origen y la posibilidad de conseguir la reagrupación familiar en EE.UU. son los principales factores para emprender la salida de sus países según relatan los propios menores. ¿Son estos motivos nuevos y, por tanto, responderían al ahora y al por qué? En realidad no ha pasado nada nuevo en Centroamérica que no pasara antes. Misma corrupción, misma violencia, misma desigualdad, misma desesperación. La diferencia son las intensidades con que aparecen en escena.

Se calcula que en Estados Unidos viven más de 3 millones de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos. Desde hace años el flujo migratorio de centroamericanos hacia EE.UU. es continuo. Intentar la reagrupación familiar es una respuesta lógica ante el deterioro de la situación en Centroamérica, especialmente los últimos años, no solo en 2014. Si legalmente no puedes traer a tu hijo buscarás alternativas. Las redes de coyotes lo saben.

Respecto los niveles de violencia en Centroamérica estos han sido muy altos en los últimos 20 años tras la aparición de las maras y, en los últimos años, ante la presencia de otros grupos criminales. Es un factor determinante para explicar por qué se produce la salida de miles de centroamericanos de sus países. Pero lo es desde hace muchos años. Tampoco es un problema que ha aparecido en los últimos nueve meses.

Un apunte personal. Pisé tierras hondureñas por primera vez el año 2002. Una de las primeras impresiones que me llevé al salir del aeropuerto fue ver militares patrullando por las calles de Tegucigalpa. Pregunté el por qué. La respuesta que me dieron fue una palabra, violencia. El gobierno había decidido sacar al ejército a la calle para hacer frente a la ola de violencia que asolaba el país. Desde entonces otros gobiernos han recurrido a la misma táctica. También los países de su entorno. Lejos de mejorar el clima social ha ido deteriorándose hasta los niveles actuales. La solución a los problemas de violencia casi siempre han sido los mismos, mano dura. Los resultados están ahí. No funciona. Por si sola nunca ha funcionado. Ni en Honduras, ni en Guatemala, ni El Salvador. Los problemas de violencia en Centroamérica son estructurales y sostenidos en el tiempo. De seguridad y de salud pública. Por tanto, que miles de personas durante años hayan intentado huir de la violencia generalizada no es sorprendente. En furgoneta, en camión, en coche, en tren. Solos, acompañados por familiares o en grupo. Pagando a coyotes o polleros. Hay varias formas de intentar llegar a Estados Unidos de forma irregular.

Esta violencia se produce en todos los niveles: en las escuelas, en la comunidad, en la ciudad, en los medios de transporte, en tu vida social, etc. La corrupción policial y política no ayuda. Las grandes ciudades tienen su “zona roja” o su “zona caliente”. Sabes que hay toques de queda oficiosos. Si tienes un negocio en zonas calientes y quieres ganarte la vida tendrás que pagar un “impuesto” o lo perderás. Las tasas de homicidios en algunas ciudades son superiores a muchas zonas de guerra. La violencia genera desplazamientos internos intraurbanos e interurbanos. La gente literalmente se va. Los datos avalan que la mayoría de menores detenidos en los últimos meses son originarios de ciudades con altos niveles de violencia. En el caso hondureño proceden de ciudades donde existen las tasas más elevadas de homicidios de niños y niñas en el país: Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba. No hay casualidad.

Niños y adultos centroamericanos seguirán intentando llegar al norte. Lo harán “gracias” a los coyotes, a la solidaridad proporcionada por miles de mexicanos que se cruzarán por el camino, y a pesar de las violaciones, los asaltos, las peleas, las detenciones y las deportaciones. Lo seguirán intentando aunque sea en el tren de los desconocidos.

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