Elecciones mexicanas, ¿cambiar para que todo siga igual?

Manifestacion de Jovenes estudiantes Yo soy 132 . foto: Hector Jesus Hernandez

Christian Amaury Ascensio Martínez.

Las elecciones presidenciales de hoy domingo serán el reflejo de una sociedad mexicana en constante cambio. Sacudida en los últimos años por un aumento desproporcionado de la violencia, una dependencia económica cada vez mayor del vecino del norte y una polarización política que rivaliza con la que afloró tras lo que Vargas Llosa denominó “la dictadura perfecta”, los sucesivos gobiernos del PRI hasta la llegada del PAN.

Diferentes encuestas electorales de varias empresas dan por vencedor de las elecciones de hoy al priísta Peña Nieto, candidato del partido que aún regenta el poder en 18 Estados mexicanos, y que pese a varios desencuentros durante la campaña – como el ocurrido el pasado diciembre en que no supo citar tres libros que hubiera leído- se ha mantenido en cabeza .

En segundo lugar, y habiendo ascendido de forma progresiva, muchos pronósticos colocan a Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El antiguo Jefe de Gobierno de la Ciudad de México,  tras perder las elecciones de 2006 frente a Felipe Calderón, en lo que el calificó de un engaño electoral, vuelve a presentarse ahora encabezando una coalición liderada por el Partido Revolucionario Democrático (PRD) tras pedir al Instituto Federal Electoral que no repita las irregularidades que denunció en 2006.

Josefina Vázquez Mota, candidata del PAN. LA VANGUARDIA, MÉXICO

Justo por detrás se situaría la candidata oficialista, Josefina Vázquez Mota, primera mujer candidata con posibilidades reales de aspirar a la presidencia, pero que en las últimas fechas ha perdido el apoyo incluso del expresidente Vicente Fox, de su mismo partido y que ha pedido el voto para el candidato del PRI, mostrando el general descontento en las filas panistas con el desempeño de Vázquez Mota en la campaña.

En último lugar y de forma casi anecdótica en cuanto a expectativas de voto se sitúa Gabriel Quadri, candidato por el partido Nueva Alianza, considerado por mucho el delfín de la influyente Alba Esther Gordillo, líder del sindicato de profesores, aunque ella lo ha negado rotundamente.

Pero la situación en que llegan las elecciones, merecen un análisis sociológico más elaborado, sobre todo teniendo en cuenta los acontecimientos de las últimas semanas, como la aparición del movimiento #yosoy132, surgido entre la clase universitaria mexicana, en un fenómeno similar a los indignados en España, pero con sus propio recorrido, consignas y repercusión social.

Ante unas elecciones de tanta importancia para el futuro del centenar largo de millones de mexicanos, hoy en Passim, tenemos el gusto de presentar un análisis crítico del partido que domina todas las encuentras, a través de los ojos de un nuevo colaborador, Christian Ascensio.

Un balance de lo que viene…

Lo idéntico es aquello que continúa siendo lo que es, mientras cambia… lo nuevo es lo no viejo, lo más reciente y moderno, lo que acaba de ocurrir, lo nunca visto…
El PRI no es lo nuevo, sino lo idéntico, el rostro de antes con candidatos nuevos; la base tradicional encubierta en un rostro juvenil. Su maquinaria política se sustenta en un sector premoderno, de votantes analfabetas, mediante prácticas clientelares y condicionamientos al voto; con caciques locales y gobernadores autoritarios. La postura abierta a la democracia del PRI, proviene de la presión de sectores externos, empresariales y profesionales, y también de la consolidación de un sector de oposición con una base social cada vez más amplia, pero la estructura priísta continúa siendo autoritaria.
Es propio de los regímenes autoritarios con largas trayectorias sin transición, que las fuerzas políticas de oposición no cuenten con la experiencia necesaria en diversas áreas estratégicas, tanto nacionales como internacionales. No es extraño que las fuerzas que han monopolizado el gobierno apelen a su experiencia frente a la inmadurez política de los opositores. En ese sentido, una expresión recurrente es “apelar a los prinicipios tradicionales de política exterior y local”.

En el PRI la elección de los candidatos, especialmente los presidenciales, se encuentra fuertemente vinculada a la lógica de la obediencia, por encima de los principios. La figura del “tapado”, candidato con el visto bueno del presidente y que debía ser aceptado en forma unánime, cuyo origen data del maximato, continúa aún en los últimos años.

Enrique Peña Nieto, candidato del PRI a la Presidencia. AZTECA NOTICIAS

El régimen presidencial priísta ha tenido control de la presidencia de la república desde hace más de setenta años, con una de las herencias más antidemocráticas del planeta y cuya “democratización” se ha visto forzada desde afuera y nunca en su propio interior. La estructura de fondo es la misma, son los viejos priístas quienes controlan al partido, el candidato presidencial actual es joven, pero no tanto, formado en las más estrictas reglas del juego autoritario priísta, es también un candidato impuesto, legitimado a ultranza y con una de las maquinarias mediáticas más poderosas de los últimos años.
La historia de corrupción del PRI no es nada nuevo, son generaciones de saqueo y mal manejo de los recursos nacionales. La mayoría en el congreso que ostentan, los hace también un sector estratégico en las negociaciones legislativas… impidiendo, casualmente, la investigación en casos de corrupción millonaria, tales como el de Conasupo, el FOBAPROA y el IPAB, y negando la información completa sobre los grandes deudores, dejando la carga del rescate bancario en los ciudadanos (844 mil millones de pesos).

Es conveniente recordar que fue hasta 1999 cuando diversos aspirantes del PRI alzaron la voz para aspirar a la presidencia de la república, y exigieron la realización de una elección interna. Esto se llevó a cabo, pero condicionado por el control rígido de la maquinaria tradicional. Al final de la contienda, los candidatos aspirantes rendían pleitesía y legitimaban a viva voz la designación del ganador “democrático” de la contienda. El problema no era la elección, necesaria en cualquier agrupación que se considera democrática, sino la obediencia ciega a la figura presidencial del partido.
Por otro lado, en un ciclo que va desde 1982 hasta el año 2000, el modelo priísta fue uno de los más depredadores, en lo que se refiere a la privatización de empresas paraestatales, hostigamiento a los sindicatos (con excepción de los oficialistas), devaluación impresionante de la moneda, sometimiento a los acuerdos desiguales en tratados como el TLC con Estados Unidos y Canadá. Heredando un país cuya fuente principal de ingresos siguen siendo, como en el período colonial, las materias primas, tales como el petróleo e, irónicamente, las divisas enviadas por los migrantes.

Este modelo pudiera traducirse también en las negociaciones con grupos específicos del crimen organizado y con cacicazgos locales, lo cual lleva a mucha gente a expresarse de la siguiente forma “el PRI sabía tratar con los malos” o bien “el PRI robaba, pero dejaba robar”. La inexperiencia ciertamente de los gobiernos de transición ha conducido a una estrategia mortífera de “guerra” contra el narcotráfico, y a una triste experiencia de gobierno con Vicente Fox.

De izquierda a derecha: Peña Nieto, Vázquez Mota, Quadri y López Obrador – AFP

Por supuesto que hay sectores empresariales fuertemente vinculados con el PRI, aquellos cuyas fortunas provienen de la estrategia neoliberal y la privatización de sectores estratégicos, pero indudablemente la fuerza verdadera del PRI se encuentra en las clases populares, en los sectores envejecidos de la sociedad, que continúan viendo los programas sociales ( y así se les presentan) como favores por parte de un determinado gobierno, en los sindicatos charros que coercionan el voto de numerosos trabajadores; la gente que no cree en los cambios ni en el progreso, la idea de un orden natural del PRI cuyo símbolo, dicen aún muchos ancianos “es el de votar por México”.

No es extraño que estos sectores sean fuertemente mediatizados por los dos medios locales que monopolizan el conjunto de la información: Televisa y TV azteca, presentando a su modo lo que realmente ocurre en el país y favoreciendo a un partido político en específico.

AMLO durante un acto de campaña. NOTIMEX

La respuesta ha sido una exigencia de transición, la cual va gestándose desde 1968 y tiene una fuerte presencia después del terremoto de 1985, ante la incapacidad del gobierno priísta para enfrentar la tragedia y recibir ayuda internacional. La respuesta ha sido la creación de un fuerte partido de oposición como el PRD, y el crecimiento también del PAN como factor de verdadera respuesta. El movimiento zapatista de 1994, fue también una muestra clara de la necesidad de quebrar el control del PRI sobre la organización y vigilancia de las elecciones federales y, gradualmente, también de las estatales. Con la fuerza de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, y de Manuel Clouthier, y ante la frustración generada por los evidentes fraudes electorales, las clases medias y ciertos sectores populares, han empezado un camino hacia el verdadero “sufragio efectivo” que Madero postuló hace ya bastantes años.

La transformación del país, en términos estrictos, no requiere de una conformidad con lo que en el pasado fue “bueno”, y con la experiencia de un partido cuya naturaleza es antidemocrática de fondo; sino de las nuevas fuerzas políticas emergentes, inexpertas y con sentido social.

El surgimiento del movimiento #yosoy132 ha dado aire a la contienda, buscando ser un contrapeso a la estrategia priísta, o por lo menos a la imposición mediática de un candidato, pero tiene el tiempo encima… y una cultura política de más de setenta años en su contra. Aún así, el movimiento no ve como victoria la derrota del candidato del PRI, ni ve como derrota el triunfo del mismo; sea quien sea el ganador, el movimiento busca que la democracia sea algo cada vez más cercano a la gente, que existan nuevos horizontes de información y reflexión, que las leyes no sean algo que sólo se decide en el congreso. Buscamos el reconocimiento de México como una nación multicultural y pretendemos la instauración de una democracia auténtica, siendo contrapeso a decisiones autoritarias contrarias al beneficio de los mexicanos.

Christian Amaury Ascensio Martínez.

Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Maestro candidato a doctor en sociología por la UNAM, asistente de investigación en Unesco-Sedesol-UNAM, asistente de investigación en comunidades terapéuticas, docente en la UIC y en el Instituto Mexicano de Psicoanálisis.

 

Escrito por Firmas Invitadas

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