Percepciones de una Europa en crisis: Alemania

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Florian Bergmüller   __________________________

“El rescate de Alemania y el rescate de Europa son idénticos”, dijo Konrad Adenauer en 1948, antes de llegar a la Cancillería. Esta convicción expresada por el primer Canciller de la República Federal de Alemania (RFA) se corroboraría con acciones: emprendió una política de vinculación con Occidente que pasó por la promoción de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), la aprobación alemana de la Comunidad Europea de Defensa (CED) y la posterior creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) y de Euratom. El democristiano optó por aceptar males menores; como un presidente francés de la Alta Autoridad o una CED bajo liderazgo francés, con el fin de conseguir objetivos estratégicos superiores como la re-integración de la RFA en la comunidad internacional y la recuperación progresiva de la soberanía. Los Cancilleres sucesivos siguieron con la actitud y políticas integracionistas como garantes de la paz y del restablecimiento del Estado-nación alemán, culminando el camino con la creación de la Unión Monetaria que facilitó la aceptación europea de la reunificación alemana. De esta manera, durante casi medio siglo, la RFA demostró un comportamiento, reflejo europeísta, en sus acciones haciendo “de Europa su raison d’état” (Guérot). No obstante, con la reunificación se completó la recuperación legal, territorial e identitaria del Estado-nación: Alemania se había normalizado.

Escenas de júbilo durante la celebración de la reunificación alemana en 1990. DPA

La Alemania normalizada

En este sentido, Gerhard Schröder, en su primera declaración de Gobierno en 1998, expresó la “confianza de una nación adulta que no debe sentirse superior, ni tampoco inferior a nadie”, indicando que Alemania se había convertido en un país normal con intereses y obligaciones como cualquier otro. La conciencia de un legado histórico moral imperativo se había diluído. Los reiterados intentos de conseguir una silla permanente en el Consejo de Seguridad, la participación en misiones militares empezando por Kosovo en 1998, la anticipación unilateral de la posición alemana frente a la intervención en Irak y el alineamiento con Rusia y China en la votación sobre la Resolución 1973 (2011) de Libia son sólo algunos ejemplos que ilustran la nueva libertad de acción de la RFA de Berlín, desacomplejada del peso de la historia.

Esta normalización, o citando a Jürgen Habermas, “el redescubrimiento del Estado-nación alemán”, constituye el caldo de cultivo político en el que se desarrollan las percepciones de Europa y se formula la política europea de la Alemania actual. A ello hay que añadir la situación socio-económica que asimismo impacta en la percepción de la Europa durante la crisis de la zona euro.

Primero, Alemania está experimentando un cambio generacional importante. Las generaciones que formaron su conciencia política después de la caída del muro de Berlín, tienen una actitud diferente hacia Europa si la comparamos con aquellas generaciones que vivieron el nacimiento de la RFA y la sucesiva guerra fría. Las generaciones más recientes tienen un vínculo menos romántico con Europa, perciben la Unión como algo dado y se interesan cada vez más por otras regiones no europeas.

Segundo, el sistema político ha ido fragmentándose. Los dos partidos de “masas” corren el peligro de perder este calificativo y crecientemente tienen que abrirse a grandes coaliciones o a coaliciones de tres partidos. Asimismo, la volatilidad de los votantes ha incrementado. Ello ha desembocado en una caída abismal de los liberales y el surgimiento de nuevos partidos (la Izquierda o los Piratas). Los actuales líderes políticos alemanes se encuentran ante un paisaje político más complejo y con más fisuras.

Finalmente, en términos socio-económicos, la Alemania de hoy es “más vieja” y más pobre que la RFA de Bonn, tiene pronunciados problemas de integración de los inmigrantes y un sistema de educación dispar y defectuoso. La economía alemana asimismo experimenta cambios en su orientación y se va dirigiendo crecientemente hacia los BRICs. Si bien es verdad que el 40% de las exportaciones alemanas sigue destinándose a la zona euro, China se convertirá – si se confirma la tendencia del periodo 2009-2011 –  en el segundo destinatario de exportaciones el año que viene, colocándose cerca del mayor socio comercial, Francia.

La autoconfianza alemana, entre temores europeos

Ahora bien, ¿cuál es la percepción de la Europa en crisis de una Alemania normalizada que calcula atentamente los costes y beneficios de su acción exterior? La confianza de la población alemana en la UE ha ido bajando en los últimos 10 años de tal forma que en marzo de 2012 el 65% de los entrevistados declaró tener poca o ninguna confianza en la Unión (en 2002, el 40%, Institut für Demoskopie Allensbach). Al mismo tiempo, el 65% de los alemanes aprueba la gestión de la crisis de la zona euro por Angela Merkel, y sólo el 27% se muestra descontento con ella (Diciembre de 2011, ZDF Politbarometer). Mientras que el 78% de los alemanes ve la situación económica nacional positiva (Eurobarometer, otoño 2011), a nivel europeo, sólo el 6% cree que habrá un auge económico con el 60% temiendo que la situación económica europea vaya a deteriorarse (ZDF Politbarometer Enero 2012).

Estas cifras muestran una sólida confianza a nivel nacional y en la gestión política de la Canciller, pero incitan dudas e incluso cierto pesimismo acerca de la economía a nivel europeo. La crisis económica y financiera ha puesto la mirada en el poder económico enfatizando su importancia. En tiempos de reducciones continuas en el nivel de desempleo y una situación económica estable, los alemanes no sólo confían en la fortaleza económica nacional, sino que además no muestran ningún reparo en pronunciarse acerca de los logros alemanes. Por lo demás, no dudan en absoluto en exigir ciertos niveles de eficacia a nivel europeo. De hecho, una parte de la población alemana se muestra cada vez más frustrada por su percepción de la incapacidad de algunos países europeos del sur, especialmente Grecia, para poner su propia casa en orden. Hablando con analistas europeos como Leonard y Guérot, sacamos en claro que mientras que los alemanes antes veían a Europa como la encarnación de virtudes de la naciente RFA desde la perspectiva fiscal, de estabilidad y de consenso; ahora, algunos la perciben como una amenaza a esos mismos valores. En cierta manera, “mientras que muchos europeos quieren que Alemania salve a Europa, muchos alemanes ahora quieren ser salvados de Europa” (ibid.).

Por consiguiente, no sorprende que gran parte de los alemanes reaccione con una mezcla de rechazo y preocupación ante los paquetes de rescate griegos y la ampliación de los fondos destinados al “paraguas de rescate”. En enero de 2012, los que estaban a favor de dejar quebrar a Grecia y los que estaban en contra, se igualaron (el 45%, respectivamente). Una mayoría rotunda está en contra de una ampliación del “paraguas de rescate” (el 73% en Enero de 2012, un porcentaje similar en Septiembre de 2011), teniendo eco esta posición en los ciudadanos que simpatizan con cualquiera de las tendencias políticas del arco parlamentario. Tras años de moderación y restricciones salariales sumados a los recortes de las prestaciones sociales impuestos por la Agenda 2010 de Schröder, muchos alemanes rechazan conceder ayudas financieras adicionales a países donde los incrementos en los salarios y en el gasto público han sido relativamente mayores, y donde al mismo tiempo la  productividad y competitividad estaban bajando.

Entre las causas que han provocado la crisis de la zona euro, no falta la referencia a las diferencias culturales. Lo que puede parecer como la toma de conciencia de lo otro, se puede concebir de igual modo como la persistencia de tópicos arraigados. El 77% de los entrevistados en Marzo de 2012 cree que los europeos del sur tienen una mentalidad completamente diferente a la de los alemanes, y de entre ese porcentaje, una de cada tres personas afirma que las diferencias de mentalidades son demasiado grandes como para que se pueda desarrollar la noción de una Unión Europea más fuerte, unida e integrada (Institut für Demoskopie Allensbach).

Viñeta de Mohr que juega con la idea de que Grecia (GR) ha burlado los límites o fronteras (grenze) marcados por la troika (UE, BCE, FMI)

Elementos esperanzadores

Pese a los indicios de un naciente euroescepticismo, el rechazo a conceder más recursos financieros para la superación de la crisis y las pronunciadas diferencias culturales, persisten algunos elementos esperanzadores que permiten pensar en lograr una solución europea y solidaria de la crisis desde el punto de vista del ideario colectivo. Las últimas encuestas indican que el apogeo de sentimientos euroescépticos ya se ha superado (una tendencia que estará condicionada por el comportamiento del nuevo Presidente francés). Además, los alemanes siguen siendo conscientes de que Europa es el futuro de Alemania. Lo que pesa aún más en este contexto es la agenda y discurso europeísta de los partidos y líderes políticos. La canciller Merkel no cesa de subrayar que “si fracasa el euro (introducido en contra de la voluntad de los alemanes), fracasa Europa”, y que hará todo lo necesario para salvar la moneda única. Ha dejado claro su preferencia por más Europa, transferencias adicionales de competencia a Bruselas y una unión política a medio plazo.

También es un dato positivo que la elite política no muestre reparos en tomar decisiones por el bien europeo y en contra de la opinión pública alemana, como fue el caso con los paquetes de rescate y la ampliación del fondo destinado a tales efectos (por ejemplo en Febrero de 2012 sobre el segundo paquete de rescate griego o la ampliación del fondo en Septiembre de 2011, véase arriba). En este contexto, es notable que la canciller lograra tomar decisiones europeas más allá de las preferencias de la opinión pública. A pesar de ello, consiguió que la población alemana aprobara su gestión de la crisis europea y todos los partidos políticos (excepto la Izquierda) la apoyaran en las votaciones europeas del Bundestag. Vista la nueva libertad de Alemania en su política exterior y los cambios socio-económicos acaecidos, esta unidad política acerca del proyecto europeo tiene un gran valor e importancia.

Viñeta que ilustra lo delicado de la cuestión de las medidas de rescate en el Parlamento alemán, poniendo en entredicho que los diputados representen la voluntad del pueblo. Mohr.

Pero la consistencia de esta unidad y la disposición de los representantes políticos a tomar decisiones en contra de la opinión pública tiene sus límites. Ello resulta especialmente importante en el marco de las elecciones generales que se celebrarán en el año 2013. Por ello es esencial que se logre disminuir la brecha de percepciones existente entre los distintos pueblos europeos y que los medios de comunicación alemanes comuniquen mejor a la población alemana la situación socio-económica sufrida por los socios de Alemania. Por otro lado, resulta flagrante observar la retórica anti-alemana propagada por algunos medios de comunicación de otros países europeos y las referencias ocasionales a personajes y acontecimientos históricos alemanes que el mismo pueblo alemán rechaza. Dichas prácticas no hacen más que empeorar el entendimiento entre pueblos y empeorar, aún más, el entendimiento entre socios comunitarios. Y ello parece aún más lamentable al recordar que Europa y Alemania son dos caras de la misma moneda: del mismo modo que Europa no se puede permitir una Alemania euroescéptica, los alemanes tampoco se pueden permitir una Europa sin Alemania.

Florian Bergmüller. Bruselas.

Florian Bergmüller es Máster en Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid, y en Relaciones Exteriores de la Unión Europea por el Colegio de Europa en Brujas. Bávaro de alma española, en la actualidad trabaja en la Secretaría General de la Comisión Europea.

Escrito por Firmas Invitadas

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