Percepciones de una Europa en crisis: España

Jose Luis Imbernón Valero

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“Hay una anécdota, seguramente apócrifa, sobre un intercambio de telegramas entre los cuarteles generales de Alemania y Austria durante la Primera Guerra Mundial: los alemanes enviaron el mensaje: “Aquí, en nuestra parte del frente, la situación es seria pero no catastrófica”. Los austríacos respondieron: “Aquí, la situación es catastrófica, pero no es seria”. ¿No es esta, cada vez más, la forma en que muchos de nosotros nos relacionamos con nuestros aprietos globales?”

Slavoj Zizek en La situación es catastrófica, pero no seria

Esta curiosa anécdota refleja el sentimiento actual de los españoles. Estamos desconcertados, aturdidos, y no terminamos de creer que la brutal crisis a la que nos enfrentamos sea del todo real. Tras la fiesta llega la resaca pero esperábamos de Europa que nos trajera aspirinas en vez de cianuro.

Sello conmemorativo de la Presidencia española de la UE. Correos

Una España que miraba a Europa con admiración

Fotograma de”La Cabina”, metáfora de una España atrapada  que necesitaba aire fresco. RTVE

Al volver la mirada atrás recuerdo la España franquista, con su ambiente grisáceo, anestesiada por el “landismo” campante. Europa quedaba lejos. Los Pirineos eran nuestro “muro intercontinental”. Al otro lado se hallaba el progreso, el desarrollo, la democracia y… la libertad.

El españolito típico-tópico medio de los años sesenta-setenta tenía unos estereotipos mentales fijos sobre Europa y los europeos. Así, Francia era glamour, amor libre, nouvelle vague, el Tour, de Gaulle y el Mayo francés. El Reino Unido sonaba a The Beatles, The Rolling Stones, bobbies, la Reina y su Reina Madre y numerosas frases de Winston Churchill, la mayoría atribuidas erróneamente. El Benelux, un mundo de tulipanes, bicicletas, futbolistas de la “Naranja Mecánica” y las reinas Fabiola y Juliana. Los países nórdicos estaban poblados de Volvos, Saabs y hermosas criaturas vikingas. Desarrollo y suicidio. “Infierno y Paraíso” como tituló Enrico Altavilla. La “Bella Italia” era nuestra prima hermana. Los italianos se parecían mucho a nosotros, pero menos honrados. Nos indignaba que tuviesen Mafia, Cosa Nostra y Ndrangheta, pero valorábamos su diseño y el fantástico cine de Visconti, los dos Vittorios, Fellini…etc.

Felipe González y Helmut Kohl en Doñana en 1989. El Correo

Llegamos a nuestra admirada Alemania. Para los españoles de aquella época, representaba: la organización, la limpieza, los engranajes de acero, las herramientas de bricolaje colocadas en su panel de madera. Imaginábamos un mundo industrial lleno de ingenieros, fabricando máquinas fiables caras, pero eternas. Envidiábamos a aquellos rocosos futbolistas dirigidos por Helmut Schön, seleccionador alemán con boina, al Kaiser Beckenbauer y al elegante Netzer, al “torpedo” Müller… Sabíamos de sus espectaculares autobahnen llenas de coches magníficos, nada parecidos a nuestra red radial tercermundista con sus 600 y sus “4 latas”. Su galería política era reconocida como gente emprendedora, de mérito, hacedores de país: Konrad Adenauer, Willy Brandt, Franz Josef Strauss, Helmut Schmidt y un Ministro de Asuntos Exteriores que decidía gobiernos: Hans-Dietrich Genscher que acuñó una hermosa frase: “la prensa es la artillería de la libertad”. Mientras nosotros alcanzábamos un gran e irrisorio logro político: “el espíritu del doce de febrero” de Arias Navarro. Alemania ¡Que país tan admirable! En treinta años habían pasado del bombardeo de Dresde y demás a ser la envidia de Europa. Alemania era un pueblo guiado mentalmente por el “Yes we can” actual de Obama. La mayoría de los españoles éramos unos rendidos admiradores del pueblo alemán.

Una España que miraba a Europa de igual a igual

Ha pasado el tiempo y, saliendo del aislamiento internacional, España ha ingresado en las principales instituciones europeas y mundiales. Todo ello, después de una monumental transformación política, económica, social y cultural, tras conseguir un sistema político democrático-representativo que garantiza las libertades. Conviene recordar el mérito del pueblo español, al conseguir un Estado democrático pasando de un ambiente militar africanista, bravucón, machista, sexista y bajo palio eclesiástico, a la moderna España. Un logro que no deberíamos subestimar.

La Casa de Correos de la madrileña Puerta del Sol, se tiñó de azul europeo para recibir 2010. Durante el primer semestre de dicho año España ejerció la Presidencia del Consejo de la UE. EFE

Ingresamos en 1986 en la UE con ilusión, con ganas. Hemos sido un miembro entusiasta y colaborador. Nos hemos beneficiado de planes de desarrollo. Hemos conseguido, con la ayuda europea, darle la vuelta a un país con muchas limitaciones y carencias. Hemos sido obedientes con las normas y leyes que nos ha tocado aceptar. Una vez asentada la democracia hemos ido, poco a poco, cayendo en la apatía y pasividad democrática. Este estado de lasitud social ha sido aprovechado por una generación de políticos mediocres, de serie B, que nos han llevado al despilfarro, inaugurando obras faraónicas, alguna que otra carretera que conduce a ninguna parte y dislates varios. En algunas autonomías, la fetidez de la corrupción se hace irrespirable. Se ha llegado a algo parecido al saqueo. El cuarto poder, cuyo objetivo debiera ser vigilar a los tres poderes tradicionales, se ha dedicado en su gran mayoría (sobre todo la televisión) a la apología de lo superficial anteponiendo la maximización de beneficios a cualquier otro fin.

Una España que comienza a mirar a Europa con miedo

Este panorama desalentador no sólo se ha dado en España.  Hay que reconocer los excesos cometidos y la mirada hacia otra parte de la población. Reconozcamos nuestros errores. Estamos en época de vacas flacas y debemos ponernos al día. Y es aquí y ahora, cuando aparece nuestra admirada Alemania en plan gendarme amenazador con la porra en la mano, y la imagen que teníamos de ese país, para los españoles, empieza a cambiar. Vemos una actitud exigentona. Nos quieren llevar de la mano como seres inmaduros y mandan a Volker Kauder, Herr Präsident del grupo parlamentario de la CDU/CSU en el gobierno. El mismo que exclamó “¡De repente, en Europa se habla alemán!”. Este señor me recuerda al comisario político Strelnikov de Doctor Zhivago. Ha llegado para controlar el Consejo de Ministros del Reino soberano de España para fijar postura: “ASÍ SÍ, ASÍ NO”. Debemos obedecer y no enfadar a su jefa Frau Angela Merkel, que curiosamente lleva el mismo apellido de un entrenador austriaco de fútbol del Sevilla y Atlético de Madrid (años setenta) llamado Max Merkel, apodado “Mr. Látigo”. Si frau Angela se enfada nos castigará con más deberes y sin postre.

Viñeta de Arcadis en la que juega con la similtud de las palabras España y dolor en inglés

Cabizbajos, los españoles concienciados, se preguntan ¿Por qué no se persigue más la evasión fiscal europea y se elimina el secreto bancario? Aquí se carga de impuestos las rentas del trabajo y ¿qué pasa con las rentas del capital? Pedir tantos sacrificios humanos, porque los mercados nos sitúan en su punto de mira, me parece una estafa. El rigor siempre es positivo pero en exceso se convierte en rigor mortis. La señora Merkel debe valorar que millones de coches alemanes fabricados en Múnich, Stuttgart, Ingolstadt, Wolfsburgo… circulan por los países periféricos europeos y sus compatriotas han pasado de comprar las naranjas por unidades a comprarlas por kilos. La preciosa isla de Mallorca se ha convertido en Meine Insel. Todos nos hemos beneficiado.

De acuerdo que el calor del sur tiende a los excesos. Lo asumimos y debemos hacer acto de penitencia pero el trato que da Alemania a la periferia europea es humillante. Esa vieja admiración se está transformando en un estado anímico de revisión que nos hace rebobinar en la memoria y llegar a la conclusión de que, pese a sus grandes cualidades, los alemanes, en general, tienden a agrupar a la gente, y una vez agrupada la hacen desfilar. Todo un clásico.

¿Dónde están políticos de la talla de Helmut Schmidt, Kohl o Jacques Delors? Alguno de estos señores daban ayuda, consejo y algún que otro tirón de orejas, pero tenían y mantenían una idea de Europa mucho más atractiva. De nuevo, se divisa una bota alemana que amenaza ¿tal vez pretenda recuperar viejas reparaciones…?

Merkel y Rajoy charlan mientras contemplan el Reichstag desde la Cancillería Federal en 2008. Getty Images

Señora Merkel, aproveche su liderazgo para hacer del capitalismo salvaje que nos asfixia, algo decente y humano. La imposición de austeridad, sin alma, genera abusos que conducirán al hastío de las masas. Después aparece la revolución. Sería conveniente que tuviese en cuenta la afirmación del médico suizo Paracelso: “Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis”

Jose Luis Imbernón Valero. Orihuela (Alicante). Maestro de PT en el IES Las Espeñetas.

Escrito por Firmas Invitadas

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